Ausencia
“(…) tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta”.
J.L.B.
Junto a una importante avenida, entre montones de transeúntes que caminaban indiferentes, un niño, de no más de siete años, buscaba desesperadamente a su madre. Mientras pasaban los segundos, que se tornarían en minutos y que para el niño parecían horas, en su mente crecía la idea de no volver a verla en toda su vida.
Minutos antes, cuando
caminaban juntos, la atención del niño se encontraba completamente
reservada a un simple objeto; una moneda que recién había sido acuñada en
su país, era a sus ojos el tesoro más grande que jamás había pasado por sus
manos. Enorme, como él nunca había visto, elaborada con diferentes metales; la
corona dorada y el centro plateado, con el grabado de una tortuga en la mitad.
Por un leve descuido la
moneda cayó de sus manos y rodó entre los pies de los transeúntes. El niño, sin
pensarlo, se olvidó de su madre y fue en busca del preciado objeto. En el momento
en que la recogió del suelo se percató de que su madre ya no estaba a su lado y
por su cabeza cruzó la idea de que la había cambiado por una moneda.
Buscó en todas las
direcciones posibles pero no veía nada más que personas extrañas. Empezó a
llorar desconsoladamente. Gritaba con todas sus fuerzas - ¡mamá! - mientras
su cara se empapaba en lágrimas.
Al otro lado de la
importante avenida la madre buscaba con igual desespero, el amor que sentía por
su hijo la hacía imaginarse los peores escenarios. Ella igualmente empezó a
llorar sin consuelo. En un breve momento la masa de transeúntes se dispersó y
la madre pudo ver a su hijo llorando al otro lado de la avenida. La emoción y
la alegría de pensar que con solo cruzar podría volver a abrazarlo no le
permitieron darse cuenta de que para los carros el semáforo seguía en verde.