miércoles, 20 de mayo de 2020


Ausencia


“(…) tu ausencia me rodea como la cuerda a la garganta”.

J.L.B.

Junto a una importante avenida, entre montones de transeúntes que caminaban indiferentes, un niño, de no más de siete años, buscaba desesperadamente a su madre.  Mientras pasaban los segundos, que se tornarían en minutos y que para el niño parecían horas, en su mente crecía la idea de no volver a verla en toda su vida.
Minutos antes, cuando caminaban juntos, la atención del niño se encontraba completamente reservada  a un simple objeto; una moneda que recién había sido acuñada en su país, era a sus ojos el tesoro más grande que jamás había pasado por sus manos. Enorme, como él nunca había visto, elaborada con diferentes metales; la corona dorada y el centro plateado, con el grabado de una tortuga en la mitad.
Por un leve descuido la moneda cayó de sus manos y rodó entre los pies de los transeúntes. El niño, sin pensarlo, se olvidó de su madre y fue en busca del preciado objeto. En el momento en que la recogió del suelo se percató de que su madre ya no estaba a su lado y por su cabeza cruzó la idea de que la había cambiado por una moneda.
Buscó en todas las direcciones posibles pero no veía nada más que personas extrañas. Empezó a llorar desconsoladamente. Gritaba con todas sus fuerzas - ¡mamá! - mientras su cara se empapaba en lágrimas.
Al otro lado de la importante avenida la madre buscaba con igual desespero, el amor que sentía por su hijo la hacía imaginarse los peores escenarios. Ella igualmente empezó a llorar sin consuelo. En un breve momento la masa de transeúntes se dispersó y la madre pudo ver a su hijo llorando al otro lado de la avenida. La emoción y la alegría de pensar que con solo cruzar podría volver a abrazarlo no le permitieron darse cuenta de que para los carros el semáforo seguía en verde.


jueves, 19 de enero de 2017

Manifiesto simbolista (fragmento)

“Enemiga de la enseñanza, de la declamación, de la falsa sensibilidad, de la descripción objetiva, la poesía simbolista busca vestir la Idea de una forma sensible, que, no obstante, no sería su propio objeto, sino que, al servir para expresar la Idea, permanecería sujeta. La Idea, a su vez, no debe dejarse privar de las suntuosas togas de las analogías exteriores; pues el carácter esencial del arte simbólico consiste en no llegar jamás hasta la concepción de la Idea en sí. Así, en este arte, los cuadros de la naturaleza, las acciones de los hombres, todos los fenómenos concretos no sabrían manifestarse ellos mismos: son simples apariencias sensibles destinadas a representar sus afinidades esotéricas con Ideas primordiales”. [...] “Para la traducción exacta de su síntesis, el simbolismo necesita un estilo arquetípico y complejo: limpios vocablos, el período que se apuntala alternando con el período de los desfallecimientos ondulantes, los pleonasmos significativos, las misteriosas elipses, el anacoluto en suspenso, tropo audaz y multiforme”. [...] “El ritmo: la antigua métrica brillante; un desorden sabiamente ordenado; la rima refulgente y cincelada como un escudo de oro y de bronce junto a la rima de las fluideces abstrusas; el alejandrino con pausas múltiples y móviles; el empleo de ciertos números impares”. 

Jean Moréas

sábado, 9 de enero de 2016

James Joyce
-Fragmento Araby-


“Su nombre brotaba súbitamente de mis labios en alabanzas y plegarias que ni yo mismo entendía. Mis ojos se llenaban frecuentemente de lágrimas (sin que supiera decir por qué) y a veces la sangre de mi corazón parecía anegarme el pecho. Apenas pensaba en el futuro. Ignoraba si le dirigiría o no la palabra y, si lo hiciera, cómo sería capaz de expresarle mi confusa adoración. Pero mi cuerpo era como un arpa en la que sus gestos y palabras eran los dedos que recorrían las cuerdas.”

jueves, 3 de noviembre de 2011

Temo...



Un adiós al mundo como lo conozco, una vez mi vista desparezca, y mis ojos no sirvan para nada más que alertar a los demás de mi condición, en ese caso, preferiría la muerte, con la añoranza de otra vida en la cual me sea posible apreciar el mundo de nuevo.
La vista es sin duda alguna el sentido que menos querría perder, que sería de mi vida sin ella, mi fiel compañera que hasta ahora no me miente ni me abandona. Dicen por ahí “ver para creer” y si no veo ¿que creo?
Que será de mis placeres. El atardecer, la luna, los contrastes, el rojo, todo aquello dejado atrás para ocupar, tal vez, el más importante lugar en mi memoria Me sentiría triste dejándolo todo, porque aun sabiendo cuan importantes son para mí, sé que el tiempo todo lo borra.
Es muy duro para mi saber que esta es la realidad de muchos, a todos ellos los admiro profundamente, es bonito ver sonrisas en los rostros de aquellos que conocen su condición y saben que es irreparable.
Baudelaire, poeta de poetas, encabezas en mi lista de los mejores. No quiero ser causa de tu repulsión y menos objeto de tus poemas.


Por: Fidel Torres H

jueves, 25 de agosto de 2011

el grandioso viaje.





Por: Fidel Torres H




Fue hasta hace poco tiempo que abrí la puerta y me sumergí en el mundo de la literatura. Anteriormente en contadas ocasiones lo había visto a través de la ventana creyendo conocerlo lo suficiente como para juzgarlo y condenarlo.

No podía pensar en algo más aburrido que el acto de leer, y es que a simple vista la página de un libro es algo tan vacío, sin deleitosos sabores, sin lindas imágenes, sin perfectos sonidos. Más tarde entendería que tanto las imágenes como los sonidos e incluso los sabores si están ahí, depende de cada uno encontrarlos.
Para ese entonces nunca imagine que llegaría a sacarle gusto a la lectura, fue un relato el que hizo cambiar mi precepción, un relato que no leí porque quisiera, lo leí porque me tocaba hacerlo, cincuenta páginas, que en ese momento me parecían una cantidad enorme, pero empecé y no pude parar, leía y leía sin siquiera darme cuenta, le delegue a mis ojos la mecánica tarea de seguir las letras, mientras mi mente se sumergía en un dulce mar de éxtasis, olvidando la realidad y recreando escenas y actos de ficción. Hasta que sentí por el contexto que el final se aproximaba y debo confesarlo, sentí una poco de tristeza, el final llegó, lo primero que hice fue mirar el reloj, había pasado más o menos una hora y media, al fin y al cabo ni cuenta me di, pero aunque sea corto, ese lapso de tiempo es realmente importante en lo que soy hoy y lo que pienso ser, y no lo cambiaria ni por todo el oro del mundo.
Desde ese entonces solo busco textos que me permitan sentir lo que sentí con este, que me permitan hacer un viaje tan placentero como me lo permitió este, he incluso me gustaría en algún momento de mi vida ser yo quien deleite a un lector con mis relatos, invitándolo a un gustoso viaje.
Por último quiero agradecer a Nicolai Gogol por maravillarme con ese fantástico relato que nunca podré olvidar titulado “El retrato”

viernes, 22 de abril de 2011

elixir de la imortalidad

Los seres humanos somos extraños, normalmente nos creemos más de lo que somos y suponemos que otros son inferiores a nosotros, pero al fin y al cabo nadie es más que nadie, no somos muy diferentes, todos somos 
fichas de un mismo tablero, como todos nacimos, todos moriremos y esto no es secreto para nadie.

el motivo de que muchos nos hacemos a la idea que hay una vida después de la muerte es el temor, sería extraño decir que no se siente absolutamente nada de temor frente a la muerte.

A lo largo de la historia humana ha habido repetidos intentos, todos en vano, de encontrar un elixir o una panacea universal, un medicamento capaz de curar cualquier enfermedad e incluso extender la vida humana indefinidamente.

Muchos que ya nos hemos resignado a nuestra muerte biológica nos conformamos a simplemente no ser olvidados, ese elixir o esa panacea es para nosotros el lenguaje.

Gracias a esta magnífica herramienta, seamos conscientes o no, surge de nosotros un otro yo, un yo que no es de carne y hueso, un yo que es conformado por ideas, recuerdos y pensamientos, un yo que seguirá viviendo a pesar de que yo muera.

En algún momento nuestro yo material desaparece, pero, como dice el zorro amigo del principito: lo esencial es invisible a los ojos. Si yo muero mañana mi otro yo no lo hará,  el seguirá viviendo en recuerdos, recuerdos en otros seres, o recuerdos como este texto.


Por: Fidel Torres H