Los seres humanos somos extraños, normalmente nos creemos más de lo que somos y suponemos que otros son inferiores a nosotros, pero al fin y al cabo nadie es más que nadie, no somos muy diferentes, todos somos
fichas de un mismo tablero, como todos nacimos, todos moriremos y esto no es secreto para nadie.
el motivo de que muchos nos hacemos a la idea que hay una vida después de la muerte es el temor, sería extraño decir que no se siente absolutamente nada de temor frente a la muerte.
A lo largo de la historia humana ha habido repetidos intentos, todos en vano, de encontrar un elixir o una panacea universal, un medicamento capaz de curar cualquier enfermedad e incluso extender la vida humana indefinidamente.
Muchos que ya nos hemos resignado a nuestra muerte biológica nos conformamos a simplemente no ser olvidados, ese elixir o esa panacea es para nosotros el lenguaje.
Gracias a esta magnífica herramienta, seamos conscientes o no, surge de nosotros un otro yo, un yo que no es de carne y hueso, un yo que es conformado por ideas, recuerdos y pensamientos, un yo que seguirá viviendo a pesar de que yo muera.
En algún momento nuestro yo material desaparece, pero, como dice el zorro amigo del principito: lo esencial es invisible a los ojos. Si yo muero mañana mi otro yo no lo hará, el seguirá viviendo en recuerdos, recuerdos en otros seres, o recuerdos como este texto.
Por: Fidel Torres H
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