“Enemiga de la enseñanza, de la declamación, de la falsa sensibilidad, de la descripción
objetiva, la poesía simbolista busca vestir la Idea de una forma sensible, que, no obstante, no
sería su propio objeto, sino que, al servir para expresar la Idea, permanecería sujeta. La Idea,
a su vez, no debe dejarse privar de las suntuosas togas de las analogías exteriores; pues el
carácter esencial del arte simbólico consiste en no llegar jamás hasta la concepción de la Idea
en sí. Así, en este arte, los cuadros de la naturaleza, las acciones de los hombres, todos los
fenómenos concretos no sabrían manifestarse ellos mismos: son simples apariencias sensibles
destinadas a representar sus afinidades esotéricas con Ideas primordiales”. [...] “Para la
traducción exacta de su síntesis, el simbolismo necesita un estilo arquetípico y complejo:
limpios vocablos, el período que se apuntala alternando con el período de los
desfallecimientos ondulantes, los pleonasmos significativos, las misteriosas elipses, el
anacoluto en suspenso, tropo audaz y multiforme”. [...] “El ritmo: la antigua métrica brillante;
un desorden sabiamente ordenado; la rima refulgente y cincelada como un escudo de oro y de
bronce junto a la rima de las fluideces abstrusas; el alejandrino con pausas múltiples y
móviles; el empleo de ciertos números impares”.
Jean Moréas
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